El delegado
Febrero 28, 2010 por BelkysPor estos días en que nuestro pueblo se reúne en torno al barrio para nominar a sus candidatos a delegados a las Asambleas municipales del Poder Popular, no dejo de pensar en los que a boca llena, esgrimen miles de argumentos sobre la falta de democracia en Cuba.
Y es que si por un instante bajaran de la nube y vinieran a la comunidad, entonces podrían entender de qué hablamos los cubanos.
Y es que la celebración de las asambleas de nominación es uno de los momentos más importantes de la vida en nuestra sociedad, y para comprenderlo hay que venir a verlo aquí.
Hoy será la asamblea de mi circunscripción y me han contado que hay varios candidatos para las propuestas, por qué no, pregunto yo, si todos tenemos el mismo derecho. Solo se necesita haber cumplido 16 años y gozar de prestigio entre sus conciudadanos.
En cada circunscripción debe haber como mínimo dos proposiciones y hasta ocho como máximo, y un mismo candidato puede ser nominado en varias o en todas las áreas.
Ahí radica una de las principales diferencias de nuestro sistema y que muchas veces no entra en la lista de consideraciones de los enemigos de la revolución; parece que no se dan cuenta o no quieren ver que aquí no es como en otros países donde la facultad de postular solo le ocupa a los Partidos políticos.
En el delegado del poder popular que elegimos mediante voto directo y secreto radica la base del poder popular, es una autoridad en la demarcación pero no una instancia administrativa, él controla y fiscaliza con poder y autoridad.
Con sencillez representa a sus electores en la Asamblea Municipal y a la vez promueve y gestiona la solución de los problemas de estos ante los organismos e instituciones del territorio.
El delegado es el líder natural de la comunidad, está en contacto diario y directo con la población, recoge sistemáticamente sus opiniones, sugerencias, preocupaciones y las estudia para buscar la solución o proponer cómo hacerlo.
No puede convertirse en un tramitador de peticiones, con inteligencia colectiva debe lograr movilizar a los factores de la comunidad para buscar la solución del problema planteado por el electorado.
Pero si estos argumentos no fueran suficientes para hablar de democracia en Cuba entonces aporto uno más: el delegado no cobra un salario por su labor, todo lo contrario, cumple con honradez y humildad de manera voluntaria y fuera de su horario laboral, el mandato que le confió la comunidad.
Las asambleas de nominación que ahora nos ocupan a todo lo largo del archipiélago cubano dejarán lista la cantera por la que podremos votar el 25 de abril, cuando en jornadas de solemnidad el pueblo elija a los mejores.
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