Señales

Una mirada desde Cuba

”Solo tengo días de nacida”

Enero 21, 2010 por Belkys

Alina Almeida Rivera

Alina Almeida Rivera

La maestra Alina Almeida Rivera solo estuvo en Puerto Príncipe cuatro meses y dos días. El programa de alfabetización “Yo, si puedo”, la llevó en septiembre de pasado año a la República de Haití, donde nunca pensó la sorprendería un terremoto.

“Estábamos en la cocina, nos habíamos acabado de bañar y conversábamos varios compañeros, de pronto la pared de la derecha y la de la izquierda se movieron con un golpe muy fuerte, contundente, para un lado y para el otro y las escaleras comenzaron a hacer como una ola”, recuerda Alina hoy en casa donde se recupera.

“Sentimos que perdimos el equilibrio por completo y Javier, uno de nuestros compañeros, gritó: “esto es un terremoto, vamos a correr” y salimos para un lugar donde no estuviéramos tan inestables, fuimos para el fondo de la casa y entonces vimos que la casa comenzó a caerse, cruzamos a la vivienda de al lado, pero antes de hacerlo vimos que se caía un muro. Ahí es que me hago la herida en la pierna”, rememora.

Alina nos cuenta que la Misión educativa tiene su casa en una colina de Cánape-Vert, en Puerto Príncipe. Ese es un barrio residencial, donde vive la clase media, personas con dinero, que tienen casas confortables pero que no resistieron el sismo. En los alrededores de la zona hay mucha pobreza, todas esas casas y las colinas se fueron desgarrando completamente y las piedras, rocas y árboles obstruyeron las carreteras.

“Cuando estábamos en la parte de la casa de al lado, nos dimos cuenta que la tierra comenzó a abrirse y pensamos que nos podía tragar. Ahí mismo salimos corriendo para la calle, buscando un lugar libre, todo eso pasó en un minuto, pero que fue una eternidad, porque no sabíamos para donde coger, fue inesperado, no contábamos con información de que eso iba a pasar. Salimos para la calle y ya cuando llegamos el custodio de la casa dice que yo estaba herida. En ese momento el informático que salió con nosotros, agarró su pañuelo y me hizo un torniquete en la pierna, desde ese momento no puede caminar más”

“La atención médica la recibí pasadas las once de la noche, llegaron dos médicos que hacían recorrido y a sangre fría me cosieron con tres puntos, grité mucho porque habían pasado seis horas, la carne se había endurecido y la herida era profunda, los médicos temieron que tuviera una lesión en el tendón pero al llegar a Cuba se descartó eso”.

La maestra, natural de Santiago de Cuba reside en Pinar del Río desde hace 20 años, cuando conoció a su esposo y decidió hacer su vida en esta provincia. Aquí nacieron sus hijos Javier, de diez y Ariadna de cinco años.

“En el primer momento no pensé en nada, cuando se estaban moviendo las paredes, pero después solo pensé en mis hijos, en que se iban a quedar sin mí, aquello fue muy fuerte, realmente impactante”.

“Cuando llegué a Cuba, me sentí nerviosa porque estaba entre dos aguas, mi familia vive en Santiago y no me podía quedar allá porque tenía a mis hijos en Pinar del Río. Llamé a mi mamá pero no me pude comunicar, entonces un muchacho en el aeropuerto me preguntó dónde vivía mi familia y me dijo que hiciera un papel que él lo llevaba a mi casa, así hice y después supe que el joven fue hasta Veguita de Galo, que es donde vive mi familia y así mi mamá supo de mi. Gracias a él, porque yo estaba preocupada, ella ya sabía que estaba lesionada, lo había leído y no tenía noticias”.

“Llegar a Pinar fue emocionante, no sabía que me querían tanto, todos mis compañeros de la dirección provincial de educación donde trabajo, estaban allí, el primero era el director provincial, me recibió me abrazó y me emocioné mucho. Después llegué a mi casa en San Luis, imagínate, mis hijos, que los dejé chiquitos, crecieron en cuatro meses, yo quería verlos, aunque no quería que fuera de esta manera.

“Me habían comentado que cuando escucharon la noticia se impresionaron mucho, lloraron, yo le pregunté a mi hijo si él sintió miedo y me dijo que sí, que un poquito. Es primera noche cuando nos acostamos, la niña me abrazó y me dijo, ahora si soy feliz mamá porque tengo la familia junta”.

Hoy Alina se recupera en San Luis junto a la familia pinareña a la que pronto se sumarán los santiagueros que ya están en camino. Una hermana ya la acompaña. Junto a Jorge, su esposo , la suegra y los pequeños, espera a que la herida sane para volver al llamado que la hizo partir a Haití en septiembre del 2009.

“Ese país ya vivía un terremoto social, los cubanos somos queridos y ellos nos necesitan”

Su viaje inesperado a Cuba le dio la posibilidad de compartir el cumpleaños de su esposo y también su nacimiento, porque como ella se empeña en afirmar,” solo tengo días de nacida”.

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